LA FOSA – 2º capítulo

enlace al 1er capítulo -> http://www.teatromagico.us/Blog/?p=1243

El sol sigue implacable e inclemente alto en el cielo mientras que yo sigo excavando. Los pandilleros que me miran aburridos se dan un toque tras el otro, yo una palada tras la otra. El trabajo y el tanto sudar parecen aliviar mi cruda, o será que a estas alturas la precedentemente terrible cruda ya no es un problema ¿como podía ser tanto importante antes? ¿Que son la cruda, el mal de cabeza, el estomago retorcido y todo por el estilo, en frente a la Vida y la Muerte?

A un punto uno, el menos feo de los tres, extiende su brazo con un churro enorme en la mano hacía mi: ¿quieres wuey? Yo veo mi propio brazo extenderse, siento una ola de calor subir del corazón hacia la cabeza mientras que justo cuando estoy por decirle gracias la enormidad de la palabra explota ¿agradecerles a estos desgraciados que me quieren matar? ¡ni modo! Y es solo por esto despertarse de mi orgullo que empiezo a pensar ¿fumar ahora, volverme pacheco y torpe? ¿y si va a haber chance de escapar o de salvarme quien sabe como? No no no, no puedo arriesgarme de perder lo poco de energía de dignidad de rabia de lucidez que se me queda, no puedo arriesgar de no ser capaz de agarrarla si acaso viene la ocasión única de salvación así por wuey… ¡no esta vez no! y sí que quiero salvarme: espero algo, algún milagro, una llamada que le dé la contra-orden, o quien sabe que… Me parece de estar loco a pensar ancora de salvarme aquí adentro de mi tumba ya medio lista con tres armas automáticas apuntándome, me siento loco como nunca antes en mi vida, a mi que me decían el loco cuando iba a las ocho de la mañana a comprar más coca en los barrios más podridos de las ciudades más hermosas del país… ahora no, loco no quiero estar, menos pa’morir… ya parece que se vaya a acabar el día, y yo con él. No quiero morir pacheco, no quiero morir pendejo feliz, no, no sé que voy a encontrar del otro lado, el verdadero otro lado, del cual nunca regresó nadie, nadie que se conozca… a lo mejor no hay nada… pero parece demasiado fácil, perderse en la nada desaparecer sin memoria sin visión sin consciencia, no la veo tan fácil, siempre tuvimos que batallar en la Vida, a lo mejor hay que batallar hasta atrás de la Muerte…

¿quieres o no fumar wuey?

¡NO! oigo mi voz decir que NO, por fin después de una vida de síes.

Y agrego rápido y furioso: ¡Y váyanse a la chingada!

Su respuesta es una carcajada, una carcajada fea vulgar corrupta, mientras que el otro dice: ¡a la chingada vas a ir tú abuelito cabrón, jajaja, excava pues más rápido que ya me aburrí! El tercero, el Gato Montés, nunca habla.

Y empiezo a llorar, lagrimas saladas que saben a mi hija, a mi esposa, a todo lo mal que les hice, a cuanto las pegué, a cuando les rompí la madre, a cuando las insulté gritando como loco, a cuando derrumbaba las puertas de los cuartos donde se refugiaban llenas de miedo, y yo a entrar loco de veras p’hacerles pagar el desafío a mi autoridad ¡Yo soy el jefe el patrón aquí y porten respeto! gritaba como loco con los ojos pa’fuera las venas de la garganta tan hinchadas como tuberías de cloaca  mientras que a putazos hacía pedazos del estéreo que había regalado a mi hija… solo porque lo había prendido pa’no escuchar mi locura, pa’no tener que acordarse toda la vida de las maldades que iba pronunciándole…

¡Ay las lagrimas no me alivian! NO no quiero que me alivien no quiero que la mota me alivie no quiero que nadie ni nada me alivien quiero morir con mi dolor con todas mi culpas… y excavo más rápido ya, ya no quiero vivir, no más, y con cada palada de tierra dura y reseca que saco de la fosa me sepulto sepulto mi alma mi corazón mis culpas mi locura; y ahora que por fin no estoy loco… voy a estar en esta locación… pa’siempre. Aquí en esto ojo del culo del mundo, esta fosa desconocida y perdida en la nada donde nadie nunca podrá venir a llevarme flores a llorar o a festejar conmigo el Día de Muertos…

Y ahí están conmigo le Petit Serge, sobredosis en un hotel de mala muerte de Nueva Delhi, y Gerome, sobredosis en una cabina de teléfono publico en Europa… muertos sin que nadie los lloró, quemado uno y sepultado el otro probablemente por parte del gobierno, sin flores… quien sabe si nunca lo supieron sus madres si acaso tenían madres todavía… y lloro lloro por ellos por mis amigos, mientras que estos asesinos pendejos ríen diciendo ¡y ahora no te cagues en los pantalones cobarde de un wuey!

No saben que no lloro por mi, me vale de mi, siempre me valió, lloro por mi hija, mi esposa, mis amigos. Y si es que nadie les lloró a mis amigos yo lo hago, y si no tuvieron una sepultura, yo se las voy a dar, y cada palada de tierra que saco es para ellos, para darles una tumba digna por fin. Los amigos se ven en el momento de la bisoña se dice, y aquí estoy por ellos, con ellos.

Y pienso en Mario, en mi amigo Mario, que tenía que morir cada rato y nada ni nadie lo pudo matar, hasta que vino el terremoto y ni el terremoto pudo, no, sobrevivió hasta al terremoto… pero no en su corazón, y unos días después del terremoto se fue así solo pa’no ver su querida ciudad en ruinas y saqueada por políticos y empresarios. Y sepulto a Mario también con mi paladas de tierra que saco del desierto, y de veras no se porque, Mario sí tiene una tumba y hermanas y hermanos, y no se porque le tengo que hacer esta ceremonia fúnebre, no soy un sacerdote yo… pero sí se la hago, por liberarnos…

Y pienso en Gilberto, mi amigo, mi maestro de literatura underground en largas tardes que se volvían noches que se volvían madrugadas con cervezas y cigarros, cuando había, porque no había no había nada en su casa, en la refri solo un bote de nescafé medio vacío, mientras que organizaba festivales de poesía y publicaba artículos en periódicos nacionales y escribía tesis de licenciaturas una tras la otra para semiólogos huevones, y en su casa no había comida, puro nescafé que tomaba frío por falta de gas calentándose con música lsd y cigarros nomás, y pienso que tengo que sepultar a él también… y en este momento oigo su voz, la voz de Gilberto, clara fuerte inconfundible en mi cabeza que me dice fuerte y claro: A mi déjame en paz…

De repente oigo unos gritos afuera de la fosa, ahora es tan profunda que ya es una tumba, mi tumba, una voz nueva, que nunca había oído, miro afuera de mi tumba y es el Gato Montés que grita. Hay una nube oscura rara baja que se va tragando a mis asesinos y un zumbido absurdo que parece el despegar de un avión, el Gato Montés deja su arma en el piso que a nada le sirve ahora en contra de un enjambre de abejas enloquecidas que lo persiguen mientras que corre corre por el desierto cacheteándose la cara y gritando hasta que cae a tierra, pa’siempre. Son menos inteligentes sus compinches que disparan disparan ráfagas inútiles en contra de la nube negra logrando solo que un cuervo caiga muerto por una bala perdida, un cuervo que se ofreció de acompañarlos al otro mundo.

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