HOLI esp

Hoy en India es HOLI, la Fiesta de los Colores, casi un Carnaval, Fiesta de Primavera, Semana Santa. Las clases sociales parecen desvanecerse, solo por hoy, y un pobre puede manchar el vestido de un rico sin ser madreado y encarcelado. Vi muchas fiestas de Holi en mis años en la India, pero nada que ver con este: en el fin de los años ’80 del siglo pasado partí de Goa para Indore, la mas grande ciudad del estado de Madhya Pradesh, la Tierra de Medio, el corazón de la India, atravesada por el Narmada, el rio sagrado del país en una antiguísima era.

Me habían dicho que en Indore todavía había posibilidad que te dieran una extensión de la visa, que según las nuevas leyes de la Unión Indiana era de un máximo de seis meses, después de los cuales tenia que salir a huevo, y esperar un mes para pedir un nuevo permiso, si te lo daban. Pero si tenias un sello de alguna Oficina Estatal de Migra… seguro que era bueno! Seguro mejor que los sellos falsos hechos a mano que usábamos entonces, a tener un pasaporte… yo había estado muchos años sin papeles y después con pasaporte encontrados o que me regalaban, pero ahora que tenía un nuevo flameante pasaporte italiano quería arriesgar la vía legal, y así partí, llevando también el pasaporte de Anita, mi esposa.

Después de un larguísimo viaje, 24 horas en el mítico barco Goa-Bombay (ahora ya Mumbay) rolas por la ciudad, y por fin abordar el Avantika Express que en poquito más de 14 horas, mas retrasos, me lleva a Indore, estoy ya en mi destino y, no recuerdo como vagando entre cantinas y chai shops,  me encuentro en la casa de una simpática familia que me consigue 200 gramos de opio. Lo compraba, aprovechando de encontrarme en unas de la mejores áreas mundiales de producción, solo por algunas emergencias, ya eran años que no lo comía prefiriendo inyectarme heroína. Bytheway era buenísimo. Así por la mañana me como una super bola y salgo a la calle para ir a la migra.

Apenas afuera una explosión de colores: ¡¡¡es HOLI!!!

Dejo pronto de un lado la idea de tomar algún taxi por anillos periféricos y escojo de atravesar todo el centro a pie, para gozar de la fiesta.

La escena es increíble, nunca vi antes algo así, parecía el infierno de Dante si no fuera por la felicidad derramando a contagiarlo todo, mucha muchísima gente tirándose colores unx encima del otrx, la ciudad es la paleta de un pintor loco.

De pronto alguien me tira polvo rojo, pues verde, pues amarillo, caras que ríen.

La turbia es todo, cuerpos amontonados, pero no hay violencia, no es como en un concierto de ska, nadie empuja, nadie ejerce la fuerza de ninguna manera, solo tirarse colores, no hay trafico, seria imposible pasar…

Pero de repente entre la gente se ve llegar un elefante, montado por dos chavos multicolor que tiran cubetadas de color liquido hacía los primeros pisos de la casas donde los más ricos disfrutaban del espectáculo sin mancharse, ya no ¡los colores llegan hasta las azoteas!

Llego al Inmigration Office por la tardecita, entro pintado desde los pies a la cabeza como un arlequín, los polis se la ríen y en corto me sellan los pasaportes regalándome un año más de visa.

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